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    May 13

    "La vida que viene y yo me voy"

     

    "La vida pasa muy rápido a partir de los 18 años"…alguien me advirtió cuando yo todavía tenía 17.

    Ahora tengo 20 años y siento que estoy demasiado grande para hacer muchas de las cosas que quise cuando era niña e incluso adolescente.

    Sé que soy joven, tal vez muy joven, pero a veces no puedo evitar alarmarme constantemente con la preocupación del tiempo que probablemente esté perdiendo.

      Sé que suena absurdo y que esta preocupación incluso me es inadecuada, pero ahora reconozco abiertamente que la sobrevaloración de la juventud (como etapa de vida) me ha impactado fuertemente.

    Siento que es ahora cuando tengo que comerme el mundo, pues mañana será demasiado tarde.

                Belleza, inteligencia, juventud y talento han sido cualidades altamente apreciadas a lo largo de la vida (como tiempo histórico) y actualmente, quien reúna todas tiene una garantía casi instantánea de éxito. Ojo: TODAS ELLAS JUNTAS. Ergo, la falta de una de alguna supone una desventaja.

    Modestia aparte; puedo jactarme de reunir todas esas cualidades en este momento y, sin embargo, me falta aún preparación y experiencia para saltar al mundo de la vida real.

    Según mis cálculos (vanidosamente hechos), me quedarían, pues, aproximadamente 6 años para disfrutar aún de esa condición. ¿Qué será de mi entonces cuando rebase los sobreestimados veintes y la etiqueta de joven  me sea cada vez menos apropiada?

    Y cuando rebase los treinta, seguramente me veré inevitablemente avasallada por el bombardeo de la nueva generación de “jóvenes hermosos, talentosos, frescos y exitosos”.

               Me miro al espejo y en cuestión de minutos mi semblante lozano cambió y parece que me convertí en una pasita. Situación patética es verse todos los días al espejo con la angustia de que la joven que veo ahí es temporal y que inevitablemente desaparecerá.

                ¿No debería mejor ocupar mi mente en otras cosas, hacer lo que es propio de mi edad y abandonar de una vez por todas esa visión apocalíptica de mi juventud?

    Ahora, como comunicadora aún en formación me doy cuenta de hasta qué punto podemos impactar en la sociedad con tan sólo estar expuestos unos cuantos segundos al ya famoso y trillado (pero no por ello falso) bombardeo ideológico.

      -“Hay más tiempo que vida”

    Dicho popular

    O sea, nosotros triunfaremos, lloraremos, amaremos, moriremos y el tiempo seguirá inmutable, indiferente a lo que con nosotros pase, falto de conmiseración e incluso burlón.

      -“La vida que viene y yo me voy…”

    Fragmento de una canción cuyo grupo que la interpretaba no vale la pena mencionar, pero es rescatable el significado.

    Vienen tantas estaciones  por delante, pero ya me bajé del tren.

                Doy gracias que no veo mucha televisión, de lo contrario estaría probablemente aún más obsesionada.

     

    Historia

    Hola hola chicuelos!
    Esta es una más de la serie de composiciones que voy a estar posteando, para dar a conocer mi trabajo escolar jaja
    Espero que me pongan comments de lo que les parece; algunos son creativos meramente literarios y algunos otros periodísticos.
    Esta es una historia en la que empleo distintos tipos de formas narrativas en un sólo texto.
    Saludos
    SorRaimunda
    xoxo
     PD: ya hay fotos que acompañan las entradas... jaja dato curioso (entiéndase irrelevante)

      Sintió de pronto que su vida se salía de control.

    De un tiempo para acá era como si hubiera perdido las riendas de su vida y la inundara una incapacidad para tomar decisiones que desconcertaba. La escuela no era lo mismo de siempre; ya no se sentía capaz de mantener el propio ritmo que ella misma se había establecido.

                    En ese momento era un bulto amorfo y gris, como una pera de box a la que se golpea y aún se mantiene inmutable.

      “Sí lo sé, estoy ahora en un valle, pero pronto volveré a  subir a la cima de la cresta” decía (y se decía) como a manera de consuelo cada vez que alguien le hacía una observación relacionada.

                    Ese día fue manejando hasta su casa a exceso de velocidad, con el volumen de la música tan alto que hasta las puertas retumbaban. Bajó el vidrio de la ventana como para respirar la realidad y no miraba más que al frente.

                    No se daba cuenta de que había perdido gradualmente la noción del amor y en el momento en que abrió los ojos se vio a sí misma inmersa en una relación que significaba todo lo contrario a lo que ella quería.

    Su semblante conspicuo de sonrisa sincera y grande, ojos brillantes y expresivos se había esfumado, lo mismo pasaba con la acostumbrada risa que le venía cada vez que se acordaba de algo tonto.

    “Es normal; a toda época de bonanza le sigue un período de calma, de poco avance y en algunas ocasiones, declive. Todo pronto pasará y esto mejorará”. Siempre decía la cínica voz de su cabeza.

    Por suerte, a esas horas de la noche el periférico estaba prácticamente vacío y no causó algún accidente por su imprudencia.

                    Por mucho tiempo se había percibido a sí misma como una mujer de carácter que, si bien no tenía todo calculado, sus decisiones si lo estaban.

         Ahora ya todo era rutina, todo era aburrido, carente de emoción y por tanto, indigno de atención.

                “Te ves triste, ¿qué tienes?”, “Últimamente has estado tan apática.” “¿Estás de malas?” “¿Te hicieron enojar?” Y en el peor de los casos: “¿Estás en tus días?” Eran las expresiones que a menudo había venido escuchando en los últimos dos meses.

    Pero ella sabía que era algo más, no podía ser únicamente un cambio casual.

    Su corazón se sentía incompleto y vacío, su vida la sentía como pendiendo de un hilo y para acelerar el paso de las lágrimas, en el estereo sonaba una canción que decía: ¿por qué todas las cosas buenas llegan a un fin?

     

    Las cosas pequeñas

     

    Ahi les va una de mis composiciones del taller de redacción, a ver que les parece, pongan comments!

    Saludos terrícolas

    xoxoxo

      El botón.

    Pequeños y grandes, redondos y cuadrados, de todas formas y colores.

    Indispensable compañero de la camisa y la chaqueta, insignificante cuando en el suelo o en la calle.

    Algunos infortunados acaban pegados en un calcetín fungiendo como el ojo de una marioneta de bajo presupuesto.

    Otros muchos nunca encontrarán de nuevo a sus hermanos y se quedarán en el cajón de la costura por siempre.

      La connotación sexual del botón.

    Un botón sin abotonar es sensual; acrecienta la lujuria cuando el cuerpo nos urge; una mujer con una camisa cuyo botón desabrochado deja entrever sus pechos es capaz de desatar las reacciones más inusitadas en cualquiera.

    Un botón abrochado del pantalón nos separa de iniciar el acto sexual.

                    La ausencia de uno de ellos resulta fatal, impresentable e impensable. Por el contrario; un botón de más puede resultar antiestético.

    Un botón desabrochado en el pantalón es el alivio total cuando comimos de más.

                    Hay botones en las mangas, compañeros del pulso de la muñeca.

    Botones en las bolsas y mochilas, fieles guardias de tesoros preciados.

    Botones en la falda.

    Botones en los zapatos.

    Botones en diademas y aretes.

    Botones de adorno.

      Personajes en el mundo del botón.

    El ojal es el amante del botón

    El cierre es el enemigo del botón.

    La aguja de coser es el superhéroe de Botonilandia.

    El hilo es la sangre del botón; a veces la desparrama y el botón cae. Puede morir extraviado si no se le recoge y se le pega a tiempo.

     

    Los hay de madera de plástico, de conchita, de hueso y de metal.

    Existen botones en una mercería, en una sastrería, en casas de diseño, en tiendas de ropa, debajo de la cama, en una ranura del sillón y rincones olvidados junto a la pelusa y la mugre.

                    Los hay grandes, pequeños y hasta de tamaño mínimo; blancos, negros, cafés, rosas, grises, transparentes, dorados y del color del arco iris.

    Redondos, cuadrados triangulares, en forma de dulce, de flor, de corazón.

    Hay botones feos y bonitos, mas su esencia es hermosa.

     

    Los botones son más comunes de lo que creemos, son más indispensables de lo que sabemos.

     

    La fuerza del botón.

    Botones con uno, dos tres y hasta cuatro hoyitos. Nadie se ha atrevido a poner más hoyitos a un botón. Quizá sería más peso del que pudiesen soportar nuestros amigos.

                    Pero no se les confunda con cobardes y débiles. Son fuertes, resistentes, siempre luchando por su causa.

    ¿Cuál es? Cada botón tiene una misión distinta en su vida, su corta y efímera o larga y ancestral vida.

                    Los botones son seres felices por naturaleza.

    Siempre sonriendo, siempre con sus ojos bien abiertos.

    Hablan sin palabras.

    Acompañan a su dueño a donde quiera que ellos vayan.

    En las peleas, en las noches de pasión, en la importante conferencia, en la espera eterna en un restaurante de la ciudad. Se suben a la montaña rusa con nosotros y nos acompañan en sueños.

                    Desde niños los conocemos, y ellos no demandan nada de nosotros, sin embargo en muchas ocasiones los despreciamos. A pesar de ello, continúan atentos, en espera del momento en que los recojamos y los devolvamos de nuevo a su prenda.

                    Los botones son fáciles de transportar, no sólo por su peso ligero, sino por su facilidad de adaptación. Lo mismo pueden estar adornando una chaqueta como abrochando una mochila. Son nobles, fieles, a veces resignados al futuro que les damos.

    Es penoso que no tengan autonomía; que no puedan decidir si se quedan o se van. Pero, cuando perdemos un botón, ¿será porque pudieron reunir la fuerza necesaria para irse de nosotros? Ahora entonces pienso que algunos de ellos sí pueden decidir.

                    Los botones me dan nostalgia, me dan ternura y felicidad.

    Botón, botón ¿quién tiene el botón?